domingo, 21 de junio de 2026

POESÍA DE POSGUERRA

 Durante la guerra civil (1936-1939), la poesía que se escribe es, fundamentalmente, "de combate", es decir, se utiliza como medio de propaganda de cada uno de los bandos en conflicto. Por dicha utilización, es una poesía donde la forma está al servicio de esa finalidad y no del arte. Además, muchos autores han tenido que exiliarse (Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado (que morirá en Francia al poco tiempo), Luis Cernuda, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Concha Méndez,...) y otros han muerto (Miguel Hernández, Federico García Lorca). La censura impedirá que sus obras se lean en España y también cercenará los frutos del ingenio de quienes se quedan. Sin embargo, serán dos poetas de la generación del 27 los que marquen el inicio de esta nueva etapa.

Podemos dividir en décadas el estudio de la llamada "poesía de posguerra". 

AÑOS 40

En los años 40 hay dos tendencias muy marcadas: la poesía arraigada y la desarraigada.

La poesía arraigada muestra un mundo en orden y armonía, centrado en la patria, la religión y la familia, bastiones del nuevo régimen. En esta corriente, ligada a las revista Escorial, destacan Dionisio RIDRUEJO, con Sonetos a la piedra o Luis ROSALES, ambos autores de ideología conservadora. 

Dentro de ella también nos encontramos al grupo de los garcilasistas, llamados así por la revista en la que difunden su poesía (Garcilaso) de influencia renacentista, en sonetos que buscan el equilibrio y remiten al glorioso pasado del imperio español.

La poesía desarraigada tiene su origen en un descontento existencial con la realidad del momento. No sólo se ha sufrido una guerra civil, sino que Europa se encuentra inmersa en otra contienda mundial. Y en la literatura española comienza una corriente existencial que tendrá como punto de partida dos poemarios publicados en 1944, Sombra del paraíso, de Vicente Aleixandre e Hijos de la ira, de Dámaso Alonso. En ellos se aborda el tema religioso como una interrogación a la divinidad, a veces en forma de reproche. Se introduce vocabulario antipoético o antirretórico en versículos cuyo ritmo se basa en anáforas y paralelismos. Lo vemos en el poema que encabeza Hijos de la ira, titulado Insomnio. 

(Ver poema)


AÑOS 50

Esta es la década de la literatura social, con figuras como Blas de Otero, Gabriel Celaya, Ángela Figuera Aymerich o Gloria Fuertes. El paso de la poesía existencial a la poesía social es un trayecto que va del yo humano con sus preocupaciones sobre el sentido de la vida al sentimiento de solidaridad con sus semejantes y la reivindicación de la literatura como arte útil. 

Destacan los poemarios Pido la paz y la palabra, de Blas de Otero, y Cantos iberos, de Blas de Otero. 


Exposición en Casa del Lector (2026)




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